Desde Montería, la banda de punk rock Motovaca presenta una propuesta musical que cruza diversas sonoridades y géneros, construyendo un universo sonoro propio en el que las letras contundentes se equilibran con altas dosis de jocosidad.
Considerada una de las agrupaciones con mayor trayectoria en
la capital cordobesa, Motovaca asume la música como un espacio de crítica,
juego y experimentación, reflejando realidades cotidianas desde una mirada
fresca y mordaz. “El nombre es una abreviatura de la ciudad, dentro del
Caribe, y son esas historias que ruedan y rayan el piso hasta el pasto, todo
ese raye visual de la costa Caribe. Son las historias que pasan en un país como
Colombia”, comenta el vocalista de la banda.
La propuesta musical del grupo está fuertemente influenciada
por las sonoridades de los años noventa. Durante su etapa como estudiante en la
Universidad Nacional en Medellín, Joan Martínez (Mugraño) comenzó a nutrirse de
esa escena alternativa que marcaría su camino creativo. “Yo iba a las
presentaciones en el Carlos Vieco y me gustaría en algún momento tocar allá
para cerrar ese ciclo. En esa época asistía a conciertos de muchas bandas
alternativas y escuchaba emisoras como Radioactiva; todo eso me marcó mucho.
Además, soy caricaturista y toda esa influencia musical la filtraba a través
del dibujo”, señala.
Las letras de Motovaca, construidas a partir de historias
cotidianas y realidades sociales del país, se caracterizan por estar
atravesadas por el humor y la ironía, un rasgo que ha permitido que sus
canciones trasciendan las fronteras del género. “No sé si decir que es
difícil tener una banda por tanto tiempo, porque difícil es la vida misma.
Siempre estoy escribiendo cosas que me perturban, pero la respuesta suele ser
cómica; ante la calamidad, siempre hay una sonrisa, una burla, ese espíritu burlón
que es parte de la cultura Caribe”, explica Mugraño.
Otros temas de su discografía que retratan estas realidades
son “Cobradiario”, que expone el trasfondo de este personaje recurrente
en distintos territorios del país; “Jimmy Ropa Hedionda”, una historia
de enamoramiento narrada desde el humor; y “La mojarra”, una canción
dedicada a las madres de los rockeros, con influencias del grunge y sonidos
melancólicos que complementan su relato. “Son canciones con las que la gente
puede identificarse, que deben sonar duro, rock neto, porque son canciones
dicientes”, afirma.
Conscientes de su entorno, Motovaca equilibra la fuerza del
rock con sonidos propios del Caribe, buscando que el público se apropie de sus
canciones y las disfrute. “Aunque mi nervio es el rock and roll, no se puede
dejar de lado que estamos en un ambiente caribeño. La música del entorno no
molesta: riffs de guitarra champetera están implícitos en Motovaca y en la
escena; es la lectura musical del pueblo”, señala el vocalista.
Otro elemento fundamental en la historia de la banda es la
constante rotación de integrantes, quienes han aportado a los arreglos y han
enriquecido la sonoridad del proyecto. Esto ha convertido a Motovaca en una
especie de escuela musical, por la que han pasado artistas que hoy desarrollan
sus propios proyectos o interpretan versiones de sus canciones.
Durante 2025, la banda lanzó “Motoro”, un nuevo álbum
que reúne letras directas, sonidos pesados y su característico sentido del
humor. Uno de los sencillos de este trabajo es “Gringo sin plata”, una
canción que denuncia la realidad de muchas mujeres que, seducidas por promesas
de amor y dinero, terminan siendo engañadas y explotadas por personas que las
contactan a través de redes sociales y plataformas de citas. El tema fue
grabado en Montería y desarrollado de manera completamente autogestionada.
Finalmente, Motovaca trabaja en un proyecto de nuevas
versiones de sus canciones, con un enfoque más movido y bailable, con el
objetivo de conectar con nuevos oyentes. Además, la banda planea una serie de
presentaciones en distintos escenarios del país y su participación en diversos
festivales.


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