La cantautora colombiana Catalina Marín, originaria de Medellín, construye un universo musical donde las emociones y las preguntas existenciales se transforman en un lenguaje artístico íntimo y honesto. Su proyecto nace de la necesidad de explorar lo humano a través de la música, entendida como un territorio de reflexión, tránsito y transformación.

Imagen de cortesía Catalina Marín
Junto al productor Jorge Zuluaga, Marín dio vida al estudio de grabación El Andén, un espacio creativo desde el cual desarrollan una propuesta sonora libre y profundamente personal. Allí han gestado las canciones que hoy dan forma a su primer álbum, una obra conceptual que gira en torno a la vida, la muerte y las distintas formas del duelo.
Más que canciones para el entretenimiento, la artista propone experiencias sensibles que invitan a la introspección. “Mi intención es generar momentos que toquen lo humano y permitan que otras personas se reconozcan en las historias que cuentan las canciones”, afirma.
Su más reciente lanzamiento, Reflejos, nace en colaboración con el artista colombiano Mario Santa y se inspira en la célebre reflexión del libro Por quién doblan las campanas, una obra que plantea la profunda conexión entre los seres humanos. Este sencillo se suma a Aranjuez, una pieza cargada de memoria familiar que narra, desde la mirada simbólica de la casa de sus abuelos en Medellín, los encuentros, ausencias y recuerdos que atraviesan a muchas familias colombianas.
Ambas canciones hacen parte de su álbum debut, actualmente en desarrollo, del cual se espera un nuevo sencillo en los próximos meses antes de su lanzamiento oficial, que incluirá un concierto en vivo.
Musicalmente, Catalina Marín explora una fusión de sonidos que dialogan con sus raíces familiares: desde el vals ranchero y el folclore suramericano, hasta armonías propias de la milonga tradicional. Su propuesta sonora se caracteriza por un carácter contemplativo y pausado, pensado para escuchas atentas y momentos de conexión personal.

Imagen de cortesía Catalina Marín
En este proceso, Jorge Zuluaga ha sido una figura clave no solo como productor e ingeniero de mezcla, sino también como colaborador creativo, aportando una identidad estética sólida al proyecto. Desde El Andén, también ha trabajado con artistas de la escena alternativa de Medellín como Estefanía Álvarez, Gissell, María del Alba, Emanuel Báez y Kakatua, consolidando un espacio relevante dentro del circuito independiente de la ciudad.

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